
¿Por qué será que cuando se aproximan estas fechas uno se pone meláncolico por gente, situaciones y lugares que supuestamente ya tiene superados?...
Había estado super bien desde el desastre de septiembre... (¿o fue a fines de agosto?), y ahora con todo el "jingle bells" y de tanto ver en la tele las diferentes versiones de la historia de Dickens sobre Ebenezer Scrooge me ha bajado una nostalgia terrible por hacer las pases con todo aquel que sé a ciencia cierta que no quiere nada conmigo...¡¡ no entiendo mi propio gusto porque me den portazos en la cara !!.... Obviamente, ya me he llevado un par de ellos...
Pero el tema va más de eso ¿que mierda pasa en Navidad que nos ponemos tan sentimentales?.. Será que en esta época tenemos permiso divino para apagar el radar que llevamos en nuestra mente y que nos hace diferenciar qué es una estupidez de lo que no lo es... O simplemente estamos condicionados, a lo Pavlov, a ser reverendamente idiotas en estas fechas...
Eso sí, hay que reconocer que tambien tienen su parte divertida... mucha comida, cola de mono, regalos..¡sí! regalos...(que por lo general no nos sirven, no nos gustan o no son de nuestra talla...), juntas con parientes que no ves hace mucho tiempo, por lo que es divertido escucharlos (pero solo una vez al año)... y algun milagrito navideño que hace que todo lo anterior valga la pena. Porque hay que reconocer que de tanto intentar imposibles, imbecilidades y estupideces en pos de la buena onda navideña, alguna cosa resulta o surge de algún extraño lado y toda esta festividad termina dandote una alegria inesperada que compensa todo el resto de boludeces que uno se tiene que bancar...
Para qué mencionar que lo mejor de Navidad es tener un hijo.... y no me refiero a estar en la sala de partos el 24 de diciembre, sino que al hecho de haber tenido la dicha de haber traido un niño al mundo, o en el caso de los varones haber asumido que trajeron uno... Las 12 con 1 segundo es una hora maravillosa cuando se puede ver la cara del enano viendo sus juguetes, creyendo que vino un gil vestido de rojo, ¡muerto de calor!, con renos y barba blanca a dejarles lo que pidieron tan afanosamente... es entretenido ver que ni se cuestionan el hecho del que el pascuero entra por la chimenea y en casa no hay una... pero ahí está el pedido, comprado con mucho ahínco por cada padre que se preocupe por su engendro... peleado puño a puño con otros padres cuando el juguete está de moda y se agota facilmente, comprado con plata juntada por meses para el evento... sus ojos brillan y su corazón está lleno...¿que más se puede pedir?... (sentimentaloidemente hablando..... porque de pedir...¡siempre se puede pedir muchísimo más!).... Ese momento de la fiesta es el único que en realidad, por lo menos para mí, vale la pena... lo malo es que dura eso...solo un segundo...
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